Luego de un momento de dulzura, y que te pongas un tanto pesado, te confesé que me había enojado con vos por tu impuntualidad recurrente, que le restabas importancia eso era lo que sentía.
Como ya me tenés acostumbrada, me pediste perdón. Y una vez más caigo rendida al amor. No puedo evitarte. Sos lo que quiero, me gusta tu risa, tu humor, tus enojos, tus abrazos, tus besos, me encanta poder decirte lo que pienso y que no le restes importancia.
Hoy me dijiste, que no querias perderme. No te quiero perder.
Son los mejores, la pareja más linda, sépanlo!
ResponderEliminar